
RECUS. PUBLICACIÓN ARBITRADA CUATRIMESTRAL. V0L 2, AÑO 2017, No. 1 (Enero - Abril) 3
Políticas públicas ecuatorianas ante las recomendaciones de la cedaw. Estudio de caso en la parroquia rural San Isidro, provincia Manabí en el período del 2012 al 2015
Para dar cumplimiento a este principio y a la democracia desde los
procesos de institucionalidad pública que se desarrollan en la actualidad,
se han establecido leyes, normativas, medidas, políticas que incorporan el
enfoque de género en planes y programas para su obligatoria aplicación en
el sector público en la eliminación de la discriminación de la mujer,
implicando la responsabilidad no solo estatal, sino de la sociedad civil en
general a través de campañas de comunicación, capacitación, educación
dirigidas al cambio de patrones socioculturales característicos y heredados
de la sociedad patriarcal.
Según plantea De la Cruz y Cobo (2009), la incorporación del objetivo
de igualdad de género en las políticas públicas, así como la necesidad de
una institucionalidad estatal responsable en la materia, es el resultado de
un largo proceso social y político. Aun cuando en la región
latinoamericana este proceso es producto fundamentalmente del esfuerzo
del movimiento de mujeres, su inclusión en el debate público por otros
actores ha estado condicionada por el contexto político global y por las
concepciones y valores vigentes.
En este sentido, las estrategias son un aspecto de la realidad política,
de la que igualmente forman parte los actores gubernamentales,
individuales y colectivos, el andamiaje institucional y el régimen que
prevalece en el sistema público. La noción de política pública está
estrechamente vinculada a las decisiones que pone en marcha el Estado a
través de sus aparatos en la gestión de los gobiernos. El gobierno
representa el principal, aunque no exclusivo, factor instrumental para la
ejecución o implementación de los mandatos contenidos en las políticas
públicas (García-Prince, 2008).
Asimismo, toda política pública encubre una teoría del cambio social.
Hay una relación de causa/efecto en las disposiciones que rigen y
fundamentan la acción pública. Esta causalidad, que es normativa, se
identifica a través de los objetivos, los contenidos y los instrumentos de
acción de los que la autoridad gubernamental se dota para generar, a partir
de sus actuaciones, los efectos o impactos sobre el tejido social.
Según Guzmán y Todaro (1995), la incorporación de la dimensión de
género en las políticas públicas implica la implementación de proyectos
específicos orientados a las mujeres, que respondan a la singularidad de
sus situaciones y a la necesidad de implementar medidas de
discriminación positiva para contrarrestar las desventajas iniciales que
comparten algunos grupos de mujeres. Menciona como ejemplos, los
proyectos orientados a debilitar las prácticas de violencia contra la mujer,
dar apoyo a las mujeres víctimas de violencia, favorecer el ingreso al
mercado de trabajo de las jefas de hogar pobres, prevenir y dar atención a
las embarazadas adolescentes, o contrarrestar la desinformación de las
mujeres acerca de sus derechos.
En Ecuador, impulsados en gran medida por el movimiento de
mujeres, se han producido algunos avances en el marco jurídico e
institucional en materia de equidad de género en las últimas décadas.
Desde la nueva Constitución, ratificada el 28 de septiembre de 2008, hasta
el nuevo Plan Nacional para el Buen Vivir donde se estipula la
transversalización de género, diversas han sido las políticas públicas y
disposiciones estatales respecto a la igualdad y contra la discriminación de
la mujer.
Sin embargo, en el Informe Sombra al Comité de la CEDAW,
Ecuador 2014, se evidencian retrocesos para la vigencia de los derechos
de las mujeres. Se evidencia desde la desestructuración de la
institucionalidad de género en el país, que impide la existencia de una
entidad rectora de políticas de esta índole, hasta el retroceso en la
legislación, en cuanto a violencia, derechos sexuales o reproductivos y
maternidad gratuita. Unido a ello, se aplican políticas y leyes
homogeneizadoras que generan discriminación y hacen invisibles las
desigualdades. Se plantea que Ecuador vive un proceso de estancamiento
profundo en torno a los derechos reproductivos. Los marcos legales no
incorporan avances respecto a leyes que resultan ser retrógradas y
patriarcales a nuestro siglo, como el articulado referido al aborto en el
Código Orgánico Integral Penal (COIP) vigente, pese a las
recomendaciones del Comité de la CEDAW (2012) y del Comité del
Pacto Internacional de Derechos Económicos Sociales y Culturales
(PIDESC) (CEDAW/C/ECU, 2014).
Esta situación afecta en mayor grado a las adolescentes y mujeres más
pobres, indígenas o extranjeras y de origen rural, y a aquellas de las
diversidades sexuales. La Encuesta Nacional de Relaciones Familiares y
Violencia de Género del INEC y CDT 20112 evidencia la magnitud del
problema: 6 de cada 10 mujeres de 15 a 64 años han sido víctimas de
violencia en algún momento de su vida (Atlas de Desigualdades,
2013:100).
Las políticas desarrolladas por el Gobierno ecuatoriano para enfrentar
esta temática, pese a los avances realizados, como la creación de
judicaturas especializadas, con personal técnico adecuado, o la
incorporación de nuevas tipificaciones sobre violencia y femicidio en el
Código Orgánico Integral Penal, aún no logran garantizar a las mujeres su
derecho a una vida sin violencia. No existe aún una política de
prevención, lo que se ha visto agravado por la larga transición
institucional (2008-2014) que no ha permitido desarrollar una rectoría de
políticas clara y definida sobre el tema; hay artículos en el COIP que
colocan la violencia de género y los delitos comunes en el mismo nivel.
En suma, no se cuenta con la voluntad política y la decisión suficiente, por
lo que las acciones han sido insuficientes (CEDAW/C/ECU, 2014).
Lo cierto es que, a pesar de las problemáticas presentadas por el
último informe del Comité en el 2014, el Estado ecuatoriano muestra su
intencionalidad a fin de lograr la plena igualdad entre hombres y mujeres,
así como la erradicación de la violencia. En ello juegan un papel
protagónico las políticas públicas y los encargados de su aplicación. De
esta forma es en el espacio municipal donde se deben articular esta serie
de reglamentaciones y disposiciones que a nivel de país se generan.
Por esta razón, la presente investigación analiza las políticas públicas
y la adopción e implementación concretas de las recomendaciones
internacionales de la CEDAW referidas a la eliminación de la violencia
contra la mujer en el caso de la parroquia rural de San Isidro. Esta
población, al ser un sector rural, carece de datos estadísticos que
visibilicen la incidencia de los problemas derivados de la violencia de
género. Es un contexto que culturalmente se ha caracterizado por
relaciones de género desiguales y conservadoras y donde se visibilizan
mayormente las prácticas de la sociedad patriarcal. Ante estas
características, la violencia contra la mujer persiste en este espacio que
responde, entre otros factores, a patrones culturales de comportamiento
machista, y que tiende a naturalizar otras formas de violencia más allá de
lo físico y la agresión sexual. Es por ello que la investigación no solo
indaga en las acciones realizadas desde las políticas públicas en la
eliminación de la violencia en este sentido, sino también en aquellas